Trastornos de ansiedad

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La ansiedad es un mecanismo adaptativo que nos permite darnos cuenta de la existencia de un posible peligro. A nivel fisiológico, una ansiedad moderada nos permite adaptarnos a situaciones nuevas y a retos vitales o profesionales.

Sin embargo, en algunos momentos, el sistema de respuesta a la ansiedad puede alertarnos desproporcionadamente ante alguna situación e incluso en ausencia de ésta, es decir, sin causa aparente. Si esto ocurre, físicamente podemos sentir sudoración excesiva, temblor en extremidades, aumento de las pulsaciones cardíacas, tensión muscular, mareo, hiperventilación y síntomas estomacales. A nivel emocional y mental percibimos preocupación constante, sensación de que “algo malo puede pasar en cualquier momento’’, problemas de concentración, irritabilidad y alteraciones del sueño entre otras.

Las personas podemos sentir y manifestar la ansiedad de diferentes formas en relación a nuestro entorno, las situaciones cotidianas, o las relaciones personales y sociales. Atendiendo a ello, hablamos de trastorno de ansiedad generalizada cuando se siente, además de ansiedad, preocupación excesiva por diferentes sucesos o actividades. Pueden estar vinculadas a relaciones familiares, laborales, a diferentes miedos (por ejemplo a sufrir un accidente, una enfermedad), o con la percepción de dificultades para encarar el día a día.

Algunas de las causas relacionadas con la ansiedad generalizada son:

  • Exposición a vivencias traumáticas y/o dolorosas.
  • Percepción del mundo como un lugar peligroso, lo que nos predispone a permanecer en alerta.
  • Percepción infravalorada de uno mismo.
  • Problemas psicológicos que cursan con ansiedad.
  • Estar bajo los efectos de alguna droga.
  • Exceso de cafeína o bebidas estimulantes.
  • Gran necesidad de perfeccionismo y de control.

En ocasiones podemos sufrir un trastorno de pánico. Se trata de la aparición súbita de un miedo o malestar intenso, con el que podemos experimentar -además de los síntomas físicos propios de la ansiedad con mayor intensidad- sensación de ahogo, dolor o molestias en el tórax, desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (separarse de uno mismo), miedo a perder el control o “volverse loco’’ y “miedo a morir’’.

En ocasiones, la persona no identifica la causa que lo provoca, ya que el origen puede no ser consciente, de tal manera que puede generar una mayor preocupación y causar estrés, desencadenando la percepción de que no se tiene control sobre el ataque de pánico, y la persona teme que en cualquier momento le vuelva a pasar.

Sin tener datos suficientes sobre su causa, se puede asociar erróneamente el ataque de pánico a lugares o situaciones en los que ha ocurrido por primera vez, con la consecuencia de tratar de evitarlos en el futuro, o necesitar de elementos seguros que permanezcan estables para aproximarse al lugar en el que sucedió, así como a otros donde se teme que pueda pasar (por ejemplo: necesidad constante de compañía; permanecer cerca de personas o instituciones que nos puedan ayudar en caso de que se vuelva a producir el ataque de pánico, etc.).

Algunas de las causas relacionadas con la aparición del trastorno de pánico son:

  • Alteración de nuestro sistema de alarma, que se activa ante situaciones percibidas como peligrosas cuando objetivamente no lo son.
  • Estar bajo los efectos de alguna droga.
  • Vivir situaciones estresantes relacionadas por ejemplo con: vida laboral, familiar, relaciones interpersonales.
  • Sensación de que no tenemos control sobre algún aspecto de nuestra vida.
  • Sentir intensa ansiedad durante un periodo de tiempo.

Algunas personas, tras haber sufrido un ataque de pánico, pueden desarrollar agorafobia, que se exterioriza evitando lugares concretos o espacios públicos, por temor a sufrir otro ataque. Temen que les vuelva a pasar y sentirse sin control sobre la situación, con miedo de no poder salir de ella para ponerse a salvo.

Otra de las causas asociadas a la agorafobia es haber pasado por momentos duros en la vida: ruptura de pareja, duelo, o situaciones prolongadas de estrés.

Las consecuencias de padecer agorafobia son que la persona, además de evitar estas situaciones, puede desarrollar sintomatología depresiva, sentimientos de soledad debido al aislamiento, percibirse sin control sobre su vida o sobre determinadas situaciones.

Otra forma en la que puede manifestarse la ansiedad es en el ámbito social de la persona. Hablamos entonces de ansiedad social, donde la persona teme el rechazo de los demás, que le avergüencen o humillen, por lo que suele aislarse y evita: socializar, ser el centro de atención, gozar de protagonismo en su círculo de amistades, intenta pasar desapercibida en su trabajo,etc. Todo ello con el fin de evitar ese posible rechazo.

Debido al consecuente aislamiento, la persona puede sentir mucha soledad, ansiedad, o padecer trastornos del estado de ánimo como apatía, desmotivación, falta de interés e incluso depresión. Otra de las consecuencias del aislamiento es el sentimiento de estancamiento en las relaciones personales, de pareja o profesionales.

Las causas por las que las personas deciden, consciente o inconscientemente, comenzar a aislarse son muy variadas. Algunas de ellas pueden ser:

  • Haber sido objeto de burla, humillación o desaprobación.
  • Haber sufrido maltrato físico y/o psicológico.
  • Haber estado expuesto/a a algún suceso traumatizante.
  • Baja autoestima.
  • Vivir situaciones prolongadas de estrés.
  • Sentir gran dependencia emocional por alguna persona.
  • Haber sido sobreprotegido/a.

La ansiedad se puede manifestar en diversas actividades de la vida de la persona, y puede venir acompañada de diferentes trastornos psicológicos. Para abordar el problema de manera integral es necesario averiguar diferentes aspectos relacionados con la vida de la persona: vivencias personales, percepción del mundo y de sí misma, relaciones familiares, si ha soportado experiencias traumáticas o de maltrato –ya sea físico o psicológico-, entre otras, sin perder de vista los acontecimientos precipitantes que han desencadenado la aparición de la ansiedad.

Con ayuda psicoterapéutica, la persona podrá comprender por qué percibe el mundo o a sí misma de determinada manera, cuáles han sido los factores vivenciales que la hacen reaccionar de ese modo, y por supuesto, elaborar emocionalmente su manera de enfrentarse a ellos para modificar y controlar  su sintomatología.

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