Depresión y distimia

Depresión y distimia

Veamos algunas semejanzas y diferencias sobre estos dos trastornos del estado de ánimo, ya que a pesar de compartir algunas características son diferentes.

Las personas podemos tener un estado de ánimo comúnmente estable con cambios en el mismo, originados por circunstancias vitales como pérdida de empleo, nacimiento de un hijo, duelo, enamoramiento, etc. Pero en ocasiones, podemos sentir que no tenemos ningún control sobre los cambios que se producen en nuestro estado de ánimo, lo que nos hace experimentar malestar. Así, estos cambios pueden ir desde estados elevados del ánimo, a un estado deprimido del mismo.

El estado de ánimo deprimido suele aparecer ante situaciones vitales en las que se produce un gran cambio, por ejemplo un duelo, ante circunstancias vitales adversas, padecer un dolor crónico o enfermedad médica, ante sentimientos de soledad, haber vivido sucesos traumáticos (maltrato, abuso, entre otros), tras la ingesta de algunas drogas y  alcohol, entre otras.

El estado de ánimo deprimido también puede acompañar a otro tipo de problemas psicológicos como algunos trastornos de la personalidad, e ir unida a trastornos de ansiedad.

Los profesionales diferenciamos, entre otros trastornos del estado de ánimo, la depresión mayor y el trastorno depresivo persistente o distimia, ya que aun teniendo síntomas y características comunes, no son el mismo trastorno.

Se puede decir que la distimia es una forma de depresión “crónica’’ o mantenida en el tiempo, al menos durante dos años para poder efectuarse su diagnóstico. Aparece un estado de ánimo triste, melancólico, pero no se cumplen todos los criterios diagnóstico para una depresión mayor. La distimia se puede conceptualizar como una depresión de larga duración con carácter depresivo leve, no por ello las personas que la sufren no dejan de pasarlo mal.

Síntomas relacionados con la distimia:

  • Estado de ánimo deprimido durante la mayor parte del día, presente más días de los que está ausente.
  • Baja autoestima.
  • Insomnio o hiperinsomnia.
  • Poca energía o fatiga.
  • Falta de concentración o dificultad para tomar decisiones.
  • Sentimientos de desesperanza, pesimismo.
  • Poco apetito o sobrealimentación.

Para que podamos considerar que se trata de distimia es necesario que durante los dos años de duración del trastorno, necesarios para su diagnóstico, no exista un periodo de más de dos meses en los que desaparezcan los síntomas, o haya una mejora significativa del estado de ánimo, ya que ha de tratarse de una sensación persistente en el tiempo.

Además, hay que tener en cuenta y descartar, que en los dos primeros años del trastorno distímico no existió un episodio de depresión mayor, de modo que no podamos confundir la distimia con un trastorno depresivo mayor crónico o que haya remitido sólo parcialmente.

La depresión mayor es también un trastorno del estado de ánimo. Los estados depresivos que presenta cada persona varían en gravedad, dependiendo del tiempo que se lleva deprimida, de las parcelas de su vida afectadas, de los apoyos sociales con los que cuente, o del número de síntomas y el grado de malestar percibido.

A diferencia de la distimia, los síntomas de la depresión deben aparecer durante al menos 2 semanas, y estos síntomas son:

Síntomas:

  • Disminución importante del interés o del placer en las actividades cotidianas durante la mayor parte del día.
  • Estado de ánimo deprimido.

Ambas características anteriores son determinantes para su diagnóstico.

  • Tristeza, sentimientos de vacío, desesperanza.
  • Pérdida del apetito y del peso o aumento del mismo.
  • Fatiga o pérdida de energía.
  • Sentimientos de inutilidad o culpabilidad.
  • Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse.
  • Pensamientos de muerte recurrentes, ideas suicidas con o sin plan determinado para llevarlas a cabo.
  • Sentimientos de abandono, de no ser comprendido/a, o de no ser querido/a.
  • Cambios en el sueño, tanto por exceso como por defecto.
  • Agitación o enlentecimiento psicomotor.

Como se puede observar, este tipo de trastornos se diferencian cualitativa y cuantitativamente de la tristeza, ya que una persona con las características antes nombradas tendría grandes dificultades para experimentar placer y no podría elevar su estado de ánimo ante algún acontecimiento positivo, además de sentir diferentes síntomas que no suelen ir unidos al sentimiento de tristeza. Por lo que estos trastornos del estado de ánimo, además de la sintomatología que los acompaña, varían conforme a la tristeza, en intensidad y duración. La tristeza es un estado de ánimo necesario y de duración variable, en el que la persona se repliega sobre si misma para elaborar aquello que le ha causado la tristeza, por lo que es un mecanismo adaptativo que nos permite procesar sucesos dolorosos.

En el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) se hace referencia en su apartado dedicado a los trastornos depresivos, entre otros, a un conjunto de trastornos no especificados que amplia el concepto de trastorno depresivo, y que aporta información relevante en cuanto a la duración de los síntomas depresivos, a la sintomatología con la que cursan y al intervalo de tiempo en los que aparece:

  • Depresión breve recurrente:  Presencia concurrente de estado de ánimo deprimido y al menos otros cuatro síntomas de depresión durante dos/trece días por lo menos una vez al mes durante un mínimo de doce meses. Si no se cumplen los criterios para otro diagnóstico.
  • Episodio depresivo de corta duración (4-13 días): Afecto deprimido y al menos cuatro de los otros ocho síntomas de un episodio de depresión mayor. Si no se cumplen los criterios para otro diagnóstico.
  • Episodio depresivo con síntomas insuficientes: Afecto deprimido y al menos cuatro de los otros ocho síntomas de un episodio de depresión mayor, que persiste durante un mínimo de dos semanas. Si no se cumplen los criterios para otro diagnóstico.

Así, los trastornos depresivos pueden aparecer de muchas formas, variando en intensidad, duración, número de síntomas e intervalo de tiempo en el que se manifiestan. Sin obviar esta guía de diagnóstico, es necesario tener en cuenta la variabilidad de expresiones en las que se presentan los síntomas depresivos, y tener en cuenta la subjetividad de cada persona en cuanto a cómo vive sus síntomas, su día a día, en qué momentos se manifiesta con más intensidad esta sintomatología, en qué épocas del año, con qué personas, etc., ya que todo ello puede darnos pistas de hacia dónde hay que mirar para solucionar el problema.